LOS COLORES DEL EMBARGO

Radio Bemba

El 7 de febrero muchos en el mundo se acordaron de que en esa fecha, hace 50 años, fue establecido oficialmente el embargo contra Cuba, (bloqueo se dice en la isla) y con un poco de curiosidad, Radio bemba se dio a la tarea de preguntarle a la gente algún detalle, por simple que fuera, de cómo esa política ha marcado sus vidas en todo este tiempo. A Eusebio, que tiene los mismos años, poco le faltó para enarbolar una bandera roja: «Del bloqueo ni me he enterado. El 7 de febrero muchos en el mundo se acordaron de que en esa fecha, hace 50 años, fue establecido oficialmente el embargo contra Cuba, (bloqueo se dice en la isla) y con un poco de curiosidad, Radio bemba se dio a la tarea de preguntarle a la gente algún detalle, por simple que fuera, de cómo esa política ha marcado sus vidas en todo este tiempo. A Eusebio, que tiene los mismos años, poco le faltó para enarbolar una bandera roja: «Del bloqueo ni me he enterado. Mi familia siempre se comió tremendo cable, pues el viejo cortaba caña en la zafra y después, a vivir del aire en el tiempo muerto, que era la mayor parte del año. Y a la vieja las vecinas le regalaban ternillas para que nos hiciera sopa para ir tirando, así que nosotros no perdimos nada, y lo poco que tengo hoy me lo dio la Revolución, con bloqueo o sin bloqueo». El viejo Pedro va a lo más simple. Recuerda que él siempre se afeitó su espesa barba con cuchillitas Gillette, pero desaparecieron, como todo, y fueron sustituidas por unas hojas negras Made in URSS empaquetadas especialmente para Cuba con la marca Venceremos, aunque en la isla las bautizaron como «lagrimas de hombre», porque no afeitaban, arrancaban… Candita, que pronto cumplirá 80, es de la poca gente de la «jay laif» que no se fue para el Norte mientras pudo hacerlo, y eso que ella casi todos los fines de semana cogía un avión para Miami por la mañana, se iba de compras para Flager Street, almorzaba en un Ten Cents, y por la tarde ya estaba en su casa de Miramar. Luego cortaron los vuelos, y se acabaron los paseos. Roberto asegura que «se llevó de la tienda» el último Chevrolet Impala, un cola de pato rojo que volvía locas a todas las pepillas del barrio. Todavía lo tiene, aunque del Impala solo queda «el casco y la mala idea», pues gracias a las dotes de mecánico de su dueño, el carro hoy camina con un motor de camión soviético, que ruge como una locomotora pero no se queda parado en ningún lado. De su quincallita A Medardo solo le queda el recuerdo de que les daba para vivir a él y a su familia, pero se fue vaciando y no tenía como reponer las mercancías. Nada del otro mundo: cintillos, hebillas, peines, rulos, pinturas de uñas, cosméticos, libretas, lápices de colores, botones, hilos, encajes baratos y cuanta bobería puede ser necesaria a mucha gente para facilitarle la vida. Le entregó la tienda al estado. «No me la intervinieron, -aclara-, y me puse a trabajar para el Estado, hasta hoy». Marieta tiene 18 años, le encanta el reguetón, las películas americanas, la ropa de marca y está loca por empatarse con un «yuma» para irse del país, porque «aquí siempre es el mismo aburrimiento», y sin darle muchas vueltas al tema asegura: «Pa mí siempre ha sido igual. Yo nací con él…».

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