OTRA DEL AGUA

Radio Bemba

Llegaron las lluvias, y de qué manera. Llegaron las lluvias, y de qué manera.

Dicen los viejos que cuando caen las primeras lluvias de mayo hay que bañarse en el aguacero, para ponerse bonitos, y muchos lo hacen no tanto como tratamiento de belleza gratuito, sino sobre todo para refrescarse del calor y también porque «meterse debajo del aguacero» es volver un poco a la infancia, cuando nos escapábamos de la casa y regresábamos empapados, en espera de la reprimenda de la madre, pero satisfechos de la travesura.

Elayne andaba en eso desde finales de abril. «El primero de mayo me baño en el aguacero», le dijo a todo el mundo con el énfasis de haber tomado una decisión irreversible.

Pero paso el primer día de mayo, y no llovió, luego el 2, el 3, el 4, el 10, el 15 y nada.

En realidad no es que la lluvia hubiera desaparecido de la geografía nacional. Caía un aguacerito por aquí, otro por allá, siempre en la lejanía; el cielo se ponía negro, con truenos y relámpagos pero bien lejos.

Y solo cuando ya el mes estaba diciendo adiós llegó el agua y en condiciones.

Elayne se baño en el aguacero, se bañó en el segundo y terminó cansándose de tanta agua, mañana, tarde y noche, durante varios días.

De tanto que llovió comenzaron las inundaciones y las imágenes por el noticiero de los ríos desbordados en Pinar del Río, la provincia más occidental del país, que inundaron sembrados y poblados, y hasta dañaron carreteras, puentes y líneas férreas.

Y en la casa, la abuela invocando a San Isidro, para que quitara el agua y pusiera el sol; los más chicos, encantados de la vida, porque «si amanece lloviendo mucho seguro que no vamos a la escuela», y la madre, rompiéndose la cabeza en como lavar y secar la ropa, las toallas y hasta las sábanas, que ya estaban apestando a humedad.

Y los muchos que viven en las viejas y destartaladas casas de Centro Habana, el Cerro, o La Habana Vieja, mirando con preocupación las filtraciones del techo y temiendo por lo peor, que llega cuando el sol sale y reseca las construcciones reblandecidas por tanta agua.

Ya Elayne no piensa en bañarse en el aguacero, más bien todo lo contrario, y asegura con cara de pocos amigos que «bueno es lo bueno, pero no lo demasiado».

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