PELIGRO: ALMENDRONES EN LA VIA

Radio Bemba

Si algo caracteriza a La Habana, incluyendo las imágenes turísticas, son los viejos carros norteamericanos de las décadas del 1950, 1940 y aún más allá que circulan por sus calles. Si algo caracteriza a La Habana, incluyendo las imágenes turísticas, son los viejos carros norteamericanos de las décadas del 1950, 1940 y aún más allá que circulan por sus calles.

Son parte de lo que queda de la Cuba prerrevolucionaria, y con el paso de los años y la falta de piezas de repuesto, la lógica indica que debían ir desapareciendo, pero contra todo pronóstico en los últimos tiempos se han multiplicado como una plaga, dedicados en gran medida al transporte de pasajeros como taxis, aunque nadie los llama así, sino sencillamente ‘almendrones’.

Con un transporte público infumable y un servicio de taxis extremadamente caro para el bolsillo de la mayoría de los cubanos, los ‘almendrones’ se han ganado un espacio casi imprescindible en el transporte de pasajeros en la capital, pero también se han convertido en los dueños de la calle, y el resto de los choferes que tienen la suerte de tener viejos carritos soviéticos o modernos y ligeros autos chinos, japoneses o coreanos le tienen tanto pánico a esas moles de hierro como el que le profesan a los ómnibus y grandes camiones.

Y muchos, choferes y peatones, ya los ven como un peligro por la creciente afición de sus conductores a las altas velocidades y a violar las reglas del tránsito, e incluso como una fuente contaminante del ambiente, y reclaman poner coto de alguna manera, sin prohibirlos, por supuesto, porque a pesar de todo son necesarios.

Yohandry tiene 26 años y maneja un ‘almendrón’. El carro no es suyo, pertenece a un «veterano» que se lo alquiló y al cual debe tributar diariamente 700 pesos cubanos.

“A eso súmale que tengo que pagar el combustible, la licencia como ‘cuentapropista’ y hasta los arreglos del ‘almendrón’ si soy yo el responsable de alguna rotura o accidente, así que no tengo de otra que quemar gomas desde que me siento al timón hasta que termino por la tarde”.

En situación parecida están otros muchos jóvenes que se buscan la vida como choferes de autos que no son suyos, aunque según aclara Yohandry, “yo me puedo dar con un canto en el pecho porque solo pago 700. Otros tienen que soltar 900 y hasta 1.000 diarios, y para eso tienen que sacar el pasaje de abajo de la tierra”.

Quizá esa sea una de las causas del exceso de velocidad de muchos ‘almendrones’ y del literal forcejeo que arman entre ellos por capturar potenciales clientes, con el consiguiente aumento de los accidentes.

A ello se suma una competencia creciente porque todo indica que desde las provincias se han trasladado incontables ‘almendrones’ para la capital, donde existe un mercado más amplio, aunque el pastel cada vez se va dividiendo en más pedazos y toca a menos para todos.

Otra cosa es el ruido ensordecedor de algunos y el humo que despiden por sus escapes la mayoría de los viejos motores. Muchos se preguntan cómo se las arreglan para pasar por el ‘somatón’, como llaman los cubanos al procedimiento de inspección técnica de los vehículos, estatales y privados.

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