Tal como se esperaba, con la autorización a los cubanos de la compra y venta de autos y viviendas, el mercado se ha multiplicado y también se han disparado los precios en un país en el que se dice que todo el mundo es pobre, pero en el cual, al parecer, hay gente con bastante dinero en los bancos o bajo el colchón. Tal como se esperaba, con la autorización a los cubanos de la compra y venta de autos y viviendas, el mercado se ha multiplicado y también se han disparado los precios en un país en el que se dice que todo el mundo es pobre, pero en el cual, al parecer, hay gente con bastante dinero en los bancos o bajo el colchón.
Es difícil conocer cómo anda el negocio de la compra y venta, porque en la prensa no hay secciones especializadas, aunque siempre existe el boca a boca y, en los tiempos de Internet, las nuevas tecnologías han venido a cubrir en parte las carencias de propaganda. Basta ver páginas como ‘Cubanísima’, ‘Revolico’ y unas cuantas más para confirmar las sospechas y hasta quedarse con la boca abierta.
En cuanto a las viviendas, Radio bemba se encontró la venta de un apartamento de cuatro cuartos y dos baños, en el cotizado reparto Náutico, por 80.000 pesos convertibles (CUC), moneda dura que equivale a un euro. El vendedor parece no tener mucho tiempo para andar en regateos, así que aclara en el anuncio que solamente contacte con él la persona que tenga la plata contante y sonante. Otro vende nada menos que en el reparto Siboney un palacete de 985 metros cuadrados, de antes de 1959, con cinco cuartos e igual cantidad de baños, piscina, ranchón y de cuanto hay, por la friolera de 400.000 CUC o medio millón de dólares estadounidenses, así por lo claro. Pero el que parece haber apretado demasiado es uno que vende un apartamento de dos cuartos por 70.000 CUC en Alquizar, cuando es difícil que a alguien se le ocurra dejar la urbe capitalina para ir a vivir a «Habana campo».
Y con los ‘carros’ sucede otro tanto: Manolo, un funcionario de Exteriores, reunió sus pesitos durante una misión en el extranjero para comprarse por el Estado un VW Polo por 5.000 CUC y aún no había llenado el tanque de gasolina cuando el pistero le tiró a bocajarro: «Mi tío, ahora mismo le compro el ´perol´ en 35.000».
Manolo tragó en seco y poco faltó para que allí mismo le dejara el Polo al sacrificado proletario.



