Y SE ARMÓ LA QUE SE ARMÓ

Radio Bemba

«¡Candela pa´lo chapea´o! ¿Tú sabes lo que es tener que repetir la prueba de Matemáticas con lo bien que yo salí en la de la semana pasada?» Fue la indignada expresión de Alberto, un joven que ya termina el preuniversitario, ante la noticia de que los exámenes de esa asignatura para ingresar en la universidad serían repetidos porque se detectó un fraude masivo en la capital. «¡Candela pa´lo chapea´o! ¿Tú sabes lo que es tener que repetir la prueba de Matemáticas con lo bien que yo salí en la de la semana pasada?» Fue la indignada expresión de Alberto, un joven que ya termina el preuniversitario, ante la noticia de que los exámenes de esa asignatura para ingresar en la universidad serían repetidos porque se detectó un fraude masivo en la capital.

El asunto promovió un buen alboroto a nivel de calle, sobre todo porque los rumores andaban dando vueltas desde hacía días, y en cambio una alta funcionaria del Ministerio de Educación hizo unas inoportunas declaraciones en la prensa alabando la calidad de los resultados de la prueba, pues el nivel de aprobados había sido notablemente superior al del año anterior.

Muchos interpretaron tales consideraciones como que en las alturas estaban intentando «embarajar el tiro» y al parecer las quejas se multiplicaron, pues la funcionaria debió emitir una notica aclaratoria en el diario de la juventud explicando que «donde dije digo, dije Diego» y el Ministerio de Educación Superior, por su parte, emitió otra nota informando del fraude y de que se estaban tomando medidas con los implicados.

Aunque las informaciones oficiales fueron parcas en detalles, a nivel de Radio bemba se afirma que algunos profesores, que debían custodiar los cuestionarios hasta el día de la comprobación, se dedicaron a venderlos con antelación al mejor postor y unos cuantos alumnos y sus padres se fueron por la vía fácil.

Según el Ministerio de Educación Superior y de la Comisión Nacional de Ingreso, «posterior a la conclusión del examen, por diversas vías se recibieron informaciones sobre la filtración de este y el dominio de su contenido por estudiantes de varios preuniversitarios de la capital».

Según se dice, el negocio resultaba redondo para sus promotores, pues estaban cobrando a cada uno de los interesados 100.00 CUC. Un dineral.

También se afirma que las pruebas de Español e Historia habían corrido la misma suerte, pero la maraña fue detectada con tiempo suficiente para que las autoridades educativas sustituyeran los temarios de ambas materias que se iban a aplicar en La Habana y se distribuyeron pocas horas antes de su realización en las fechas previstas, así que el que no se puso las pilas para estudiar, suspendió sin remedio y perdió los 100.00 fulitas que le costaba cada cuestionario. Lo suspensos hacen ola, se comenta.

Alumnos y familiares aseguran que no es primera vez que esto ocurre y que algo parecido sucedió en la convocatoria del año precedente, y por ello en esta ocasión las autoridades centrales de los ministerios de Educación y Educación Superior aumentaron los controles, pero al parecer, infructuosamente, por lo cual la forma en que se ha publicitado el caso parece ser un indicio de que quieren cortar por lo sano y escarmentar de manera contundente.

No han faltado voces justificando a los infractores con el argumento de que «si a los pobres maestros les pagaran más estas cosas no ocurrirían», pero otros apelan a la vergüenza de los miles de profesionales de ese sector recordando que «todos tienen bajos salarios y la mayoría no cae en esas trampas, porque fraude es fraude».

Otros se han ido por la otra vertiente al advertir que «para pagar 100.00 CUC por cada prueba hay que ser hijito de papá, así que deberían pasarle la cuenta a los maestros delincuentes pero investigar también quiénes fueron los que compraron los exámenes y de seguro van a haber algunas sorpresas, pues tanta culpa tiene el que mata la vaca como el que le aguanta la pata», según afirma Gonzalo, un trabajador por cuenta propia, quien pone el puntillazo: «Yo tengo dinero para comprar la prueba para mi hijo, pero eso conmigo no va, porque la mejor manera de educarlo es enseñarle que las cosas hay que conseguirlas sudando la camiseta».

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