La Isla reabre el importante Museo Napoleónico

Quienes viajen a La Habana, sobre todo si lo hacen desde Europa, no deben dejar de visitar el Museo Napoleónico, considerado uno de los cinco más importantes de su tipo en el mundo y el más completo de Latinoamérica, y que hace solo pocos días reabrió sus puertas tras una larga restauración de varios años. Quienes viajen a La Habana, sobre todo si lo hacen desde Europa, no deben dejar de visitar el Museo Napoleónico, considerado uno de los cinco más importantes de su tipo en el mundo y el más completo de Latinoamérica, y que hace solo pocos días reabrió sus puertas tras una larga restauración de varios años.

El museo atesora una colección de unas ocho mil piezas relacionadas principalmente con el período que va desde la Revolución Francesa hasta el Segundo Imperio, tales como trajes, armas, equipos militares, muebles valiosísimos, monedas, obras de arte y, lógicamente, un sinnúmero de objetos personales de Napoleón.

Entre las reliquias que pertenecieron al emperador francés se encuentran un catalejo de bronce, cristal y madera; una casaca de sus tiempos como primer cónsul; un bicornio y su reloj, recientemente donado a la institución.

Pero también se pueden apreciar desde un orinal de oro macizo -no faltaba más- en el cual el gran corzo hacía sus deposiciones nocturnas, y una muela que se dice formó parte de su dentadura y algunos dolores debió darle, hasta la mascarilla mortuoria original realizada en yeso por su médico personal, Francois Antommarchi.

De esa última se asegura que en 1821, tras la muerte de Napoleón en la isla de Santa Elena, Antommarchi se apoderó de la mascarilla y viajó a la isla caribeña, donde se radicó.

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