EL PRIMER DIA DE SEPTIEMBRE entraron en vigor las nuevas tasas aduaneras y, casi de forma inmediata, han generado confusión en los dos colectivos a los que afectan: los residentes del país y los viajeros. EL PRIMER DIA DE SEPTIEMBRE entraron en vigor las nuevas tasas aduaneras y, casi de forma inmediata, han generado confusión en los dos colectivos a los que afectan: los residentes del país y los viajeros.
A partir de hoy, los viajeros que importen artículos por un valor mayor de 50,99 pesos deberán pagar 10 pesos cubanos (CUP) si son residentes o convertibles (CUC) sin son no residentes por cada kilogramo extra de equipaje personal que supere los 25 permitidos. La única excepción a esta regla serán los medicamentos que quedarán exentos. Eso sí, siempre que se presenten por separado y el peso total del paquete no supere los 10 kilogramos.
Algunos observadores aseguran que el aumento de precios no frenará el comercio ilegal y quizá sea más perjudicial que beneficioso.
Además, la penalización a las importaciones que supone, de hecho, esta nueva regulación puede también convertirse en un obstáculo adicional para el incipiente ‘cuentapropismo‘, cuyos suministros dependen en múltiples ocasiones de los circuitos informales ante la falta de una oferta mayorista oficial nutrida y asequible.
En concreto, para los incipientes pequeños empresarios cubanos una primera consecuencia derivada de las nuevas tarifas podría ser el aumento de los precios de determinados artículos, según avanzan algunos analistas callejeros.
Quienes la miran con más aprensión son los trabajadores por cuenta propia, ‘cuentapropistas‘ que se dedican a la venta de ropa, zapatos, quincallería, cosméticos y otros artículos de consumo que en su mayoría no proceden de los mercados de la Isla sino que llegan del exterior traídos por correos conocidos popularmente con el nombre de “mulas”.
Pero la subida de los precios también puede tener repercusiones indeseadas en la vida cotidiana de los cubanos.



