Las repercusiones del paso de los huracanes Ike y Gustav, más la evolución de las complicadas tareas de reconstrucción de los destrozos provocados por ambas catástrofes naturales ocupan aún, y con amplia diferencia, el primer lugar en la lista de las preocupaciones de los habitantes de Cuba. Las repercusiones del paso de los huracanes Ike y Gustav, más la evolución de las complicadas tareas de reconstrucción de los destrozos provocados por ambas catástrofes naturales ocupan aún, y con amplia diferencia, el primer lugar en la lista de las preocupaciones de los habitantes de Cuba. Por suerte, algunos temores no se han visto confirmados y, a pesar de las subidas aplicadas al precio de la gasolina, los alimentos mantienen, por ahora, el mismo coste que tenían antes de que se desatara la furia de los vientos. Lo que sí ha sucedido, sin embargo, es la manifestación perceptible de la debilidad en el suministro de alimentos y otros productos básicos que se nota especialmente en algunas zonas del interior de la Isla y en ciertos barrios habaneros concretos. La Dirección General de Abastos se ha movilizado con gran rapidez y ha conseguido garantizar el rápido tránsito de las mercancías desde los centros de producción agrícola que se mantienen en pie hasta los puntos de distribución. Pero, algunos de ellos, como los populares kioskitos situados en muchas esquinas de las ciudades permanecen cerrados por la falta de género que ofrecer a su clientela.
En este proceso, postciclónico, se confirma también que es el Ejército cubano quién se ha hecho cargo de la situación manteniendo en su funcionamiento para atajar las emergencias su estricta jerarquía piramidal, algo que ya pudo apreciarse antes de la llegada de los huracanes. Quizá por eso se ha producido también una mayor visualización social de la acción de las Fuerzas Armadas y a la vez éstas empiezan a perder su estatus de intocables y a ser objeto de algunas controversias. Y mientras, las líderes de la estructura de poder, Raúl Castro, José Ramón Machado Ventura y Carlos Lage, permanecen en un discreto segundo plano. También resulta evidente que las valoraciones realizadas hasta ahora sobre el impacto económico de los desastres tienen un innegable valor estadístico, pero no pueden reflejar la magnitud de una situación que, sin duda, ha puesto en severos aprietos al vigente Gobierno cubano.
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