Apenas tres meses después de que los huracanes Ike y Gustav dejaran su estela de devastación en los principales centros productivos agrícolas de la mayor de las Antillas, el esfuerzo realizado por las autoridades de la Isla para garantizar el suministro de alimentos empieza a notarse en los puntos de venta a los que acuden los ciudadanos para abastecerse. Apenas tres meses después de que los huracanes Ike y Gustav dejaran su estela de devastación en los principales centros productivos agrícolas de la mayor de las Antillas, el esfuerzo realizado por las autoridades de la Isla para garantizar el suministro de alimentos empieza a notarse en los puntos de venta a los que acuden los ciudadanos para abastecerse. En paralelo, los habitantes de la Isla, cuyas viviendas se había visto más afectadas por las catástrofes naturales han empezado también a recibir, a ritmo moderado, eso sí, los materiales de construcción que necesitan para reparar las averías que les ocasionaron los ciclones.
La suma de estas dos buenas noticias ha contribuido bastante a rebajar la incipiente tensión social que parecía a punto de instalarse en un territorio donde el recuerdo del período especial está todavía muy vivo, a pesar de que ya han pasado algunas décadas y en el que estas carencias encienden rápidamente las alarmas. Entre otras cosas, porque ni siquiera la situación habitual, en los momentos en que no concurren circunstancias agravantes, permite demasiadas alegrías a una concurrencia que sigue a la espera de que lleguen las reformas económicas insinuadas para relanzar el tejido productivo e impulsar una mejora sustancial de la calidad de vida.
La tranquilidad procede también, según algunas interpretaciones, de la decisión no anunciada de pasar página de modo más que discreto sobre las medidas de control que se habían impuesto al transporte de los alimentos y los materiales de construcción que parecían retrasar la fluidez del proceso e incrementar un problema al que vinieron a poner solución. Sea como sea, los camiones circulan ahora con más libertad que antes por las autopistas cubanas y su carga llega al destino en el que se la espera. También en estos días un insistente rumor, sin confirmación oficial de ninguna clase, circula por las sedes diplomáticas de las delegaciones europeas establecidas en La Habana. Se dice que el antiguo jefe del equipo de asesores de Fidel Castro, Carlos Valenciaga, ha sido cesado de su cargo.
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