Exreo pide a Biden cerrar Guantánamo, donde pasó siete años horribles

Imagen de archivo del centro de detención de Guantánamo
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Lakhdar Boumediene, un ciudadano bosnio de origen argelino, permaneció encarcelado sin cargos más de siete años en la prisión de Guantánamo. Ahora se suma a las voces que reclaman al presidente estadounidense, Joe Biden, el cierre de este lugar, tristemente célebre por las torturas.

En octubre de 2001, la policía de Bosnia y Herzegovina detuvo repentinamente a Boumediene por supuestas conexiones con la red terrorista de Al Qaeda (organización prohibida en Rusia) y le acusó ridículamente de planes para atacar la embajada de Estados Unidos en Sarajevo. «El día que me arrestaron pensé que era una broma, que era algo para la televisión. Y es que en Bosnia llevaba una vida normal, como cualquier persona», confiesa Boumediene a Sputnik.

El hombre, casado y con dos hijas de 4 y 1,5 años, permaneció tres meses en prisión y todo ese tiempo la policía revisó su teléfono celular y su computadora sin encontrar evidencias que lo vincularan al terrorismo. Entonces una corte bosnia dictaminó su libertad, pero el servicio secreto estadounidense intervino y Boumediene supo que lo enviarían a Guantánamo, una de las prisiones más secretas y tenebrosas del Gobierno norteamericano.

Finalmente, junto a otros cinco argelinos fue trasladads a la base estadounidense en territorio cubano y encerrado sin cargos. Muchos años después los seis saldrían en libertad.

TRATO INHUMANO

«Me tenían en una jaula, como un animal en el zoológico», relata, recordando que estuvo en este infierno desde 2002 hasta su liberación en 2009.

Recuerda que todo este periodo fue muy terrible y los últimos años fueron los peores porque era tratado como una bestia. «Siempre que preguntaba por qué me encontraba en Guantánamo, nadie respondía. Al ver que no me explicaban, me declaré en huelga de hambre», cuenta.

Los estadounidenses le alimentaron por la fuerza, una forma de tortura condenada por numerosas organizaciones de derechos humanos. «Fue el peor trato al que me sometieron. A veces me golpeaban», dice el hombre, quien antes de su detención trabajaba para la Media Luna Roja.

Tras su liberación, Boumediene y Mustafa Ait Idir, otro exprisionero, escribieron el libro Witnesses of the Unseen (Testigos de lo invisible), en el que narran en detalles el infierno que les tocó vivir y dedican un capítulo especial a uno de los interrogadores apodado El Elefante. «Le puse ese apodo porque era un tipo enorme e inteligente. La primera vez que lo vi me dijo que no era agente de la CIA ni tampoco del FBI y que podíamos hablar como amigos», relata.

Boumediene era interrogado tres veces al día. En esas agotadoras jornadas, contaba toda su vida, empezando desde su nacimiento en Argelia y terminando en su detención en Bosnia y Herzegovina. Le pedían contar sobre «las otras personas» en alusión a los terroristas de Al Qaeda, pero Boumediene no tenía la menor idea de esos personajes.

Tras interminables interrogatorios, el Elefante llegó a la conclusión que Boumediene era inocente pero no podía influir en su liberación. «En 2004 me dijo que yo era inocente, pero permanecí en Guantánamo hasta 2009», dice con amargura.

TORTURA PISCOLÓGICA

Además de los múltiples interrogatorios y las palizas por parte de los estadounidenses, el prisionero era sometido a violencia psicológica. Raras veces le permitían hablar con su mujer y sus hijas. Incluso las cartas que les escribía eran revisadas por la censura. «El FBI u otro órgano tachaba palabras en mis cartas. Si escribía diez líneas, tachaban todo y dejaban solo una línea», recuerda.

Cuando conversaba con su familia, siempre era en presencia de un intérprete y un militar que le amenazaban con cortar la conexión si se quejaba. «Temía que interrumpan la comunicación, por eso le mentía a mi mujer y le decía que estaba bien», narra Boumediene en la entrevista a Sputnik.

El hombre fue liberado en mayo de 2009 y se fue a vivir a Francia. «Los primeros días que vi a mi esposa en París, ella lloró mucho. No puedo contarle lo que viví porque es duro describirlo. Es difícil de imaginar. No pude ver a mi esposa ni a mis hijas. Eran pequeñas (cuando me detuvo la policía) y cuando regresé, ya eran adolescentes», dice.

En enero, varios exprisioneros pidieron a Biden la clausura de esa cárcel. «Mi mensaje es que simplemente cierre Guantánamo», concluyó Boumediene.

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