Continuas «filtraciones» a medios, declaraciones amenazantes y presiones de las autoridades de EEUU han marcado los diálogos entre Washington y La Habana, en un contexto de crecientes tensiones, especulaciones de la parte norteamericana y extrema precaución por la cubana.
En abril, ambas capitales confirmaron que una delegación del Departamento de Estado se reunió en La Habana con altos funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores (Minrex) cubano.
Según declaró al oficialista diario Granma el subdirector general para EEUU del Minrex, Alejandro García del Toro, durante el encuentro ninguna de las partes estableció plazos ni hizo planteamientos conminatorios.
«Es un asunto sensible que, como hemos dicho, manejamos con discreción», subrayó García del Toro y detalló que en el intercambio «respetuoso y profesional» el fin del cerco energético de Washington contra la isla fue un tema de «máxima prioridad» para la delegación cubana.
También han acaparado titulares las recientes visitas de miembros del Buró Federal de Investigaciones (FBI) a la isla: primero una delegación para colaborar en la investigación de un incidente entre una lancha de Florida y guardacostas cubanos, y luego un vuelo para recuperar a un menor estadounidense en un caso de custodia internacional.
Algunos analistas interpretan estos hechos como avances derivados de los diálogos, aunque la retórica de la Casa Blanca se mantiene bastante hostil y persiste el cerco petrolero impuesto a Cuba a inicios de este año, que ha generado una severa crisis energética.
Por su parte, las declaraciones del presidente de EEUU, Donald Trump, suelen ser un tanto ambiguas; en varias ocasiones ha sugerido que fuerzas norteamericanas podrían actuar en Cuba, una vez resuelto el conflicto con Irán.
Mientras tanto, fuerzas militares estadounidenses han intensificado ejercicios y maniobras de preparación en el Caribe durante las últimas semanas, con simulacros de vigilancia marítima y control de rutas estratégicas, bajo la justificación de posibles amenazas a la seguridad regional.
Aunque no se menciona explícitamente a Cuba, estos ejercicios ocurren en un contexto de máxima alerta tras el recrudecimiento de sanciones de la administración Trump.
AMENAZA PERSISTENTE
Según Fabio Fernández, doctor en Ciencias Históricas y profesor de la Universidad de La Habana, el peligro de una agresión de EEUU contra Cuba existe y es «latente».
Se puede decir categóricamente que las dos naciones que Trump amenazó este año fueron agredidas: Venezuela e Irán, indicó el académico a la Agencia Sputnik. A su entender, hay que tomar las amenazas de Trump como «algo serio» y no simplemente como «palabras festinadas».
Hay que estar muy alertas a lo que puede pasar en estos días, el peligro de agresión existe y la retórica que valida la agresión está viva en la «proyección trumpista» hacia Cuba, subrayó.
Las fuerzas que impulsarían una agresión están actuando para ello y «hay que estar preparados», añadió.
Aunque no discurra por caminos absolutamente conectados con lo militar, con el bloqueo petrolero Cuba está siendo víctima de una agresión que se parece mucho a las de tiempo de guerra, opinó el catedrático.
Si bien algunos reportes sobre los diálogos difundidos en medios estadounidenses hablan de ciertos avances en temas como migración, cooperación antinarcóticos y seguridad regional, las declaraciones de ambos Gobiernos dejan claro que son numerosos los asuntos en los cuales tienen posturas opuestas.
Las autoridades cubanas se han mostrado dispuestas a dialogar siempre que haya respeto a su soberanía, sin condiciones previas y con el levantamiento del bloqueo como eje innegociable. Pero, según las filtraciones, Washington exige determinados «cambios» como condicionante para aliviar las sanciones.
Tales filtraciones, insistió Fernández, «son toda una institución en la política norteamericana» y pueden tener varios móviles: que algunos grupos en el poder intenten jugar una mala pasada a otros; pueden funcionar como preparación de la opinión pública para una acción; o ser «globos sonda» para ver las reacciones de enemigos, la opinión pública u otros grupos de poder.
En este caso, consideró que forman parte de una «estrategia de presión psicológica» sobre el liderazgo y la ciudadanía cubanas, y pueden entenderse como «una variable dentro del esquema de agresión que ahora mismo vivimos», al decir continuamente que puede lanzarse un ataque, que hay planes, preparativos y movilización de fuerzas.
Para el catedrático cubano, todo esto es parte de una «estrategia de guerra psicológica», consustancial a la política estadounidense.
A inicios de abril, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, en una entrevista con Newsweek ante la pregunta sobre una posible agresión militar de EEUU, recalcó que la isla «no es un país de guerra» e insistió en que no hay «excusa» para que Washington recurra a una acción de ese tipo como vía para resolver las diferencias.



