Crisis en Venezuela

Venezuela era una jugada cantada y Cuba es harina de otro costal

La captura de Nicolás Maduro refuerza el poder sin contrapesos de Donald Trump y desplaza el foco hacia Cuba, un escenario con riesgos políticos, militares y estratégicos muy distintos.

Canel Maduro

Díaz-Canel y Nicolás Maduro

La detención de Nicolás Maduro tras una operación sin resistencia militar ha abierto un nuevo ciclo político en América Latina y ha reforzado la figura de Donald Trump como un actor sin límites efectivos en el tablero internacional. Tras Venezuela, el foco se desplaza ahora hacia Cuba, un escenario que, a diferencia del venezolano, plantea riesgos mucho más complejos.

A Nicolás Maduro Moros lo vendieron, con esposa incluida, sus propios allegados como pan caliente y lo sabremos a su debido tiempo. Todos los radares desconectados y ni una sola baja estadounidense.

La detención de Maduro y su esposa apunta a una traición interna y deja al descubierto la fragilidad del sistema de seguridad venezolano

Y algo quedó todavía más claro en este acontecimiento cuya trascendencia se limitará a las protestas y reproches en la inoperativa NNUU, para que luego reine la calma como si aquí no hubiera pasado nada: Trump hace y deshace a su antojo, sin que nadie le ponga frenos reales a sus decisiones ni a su proyección de poder hegemónico.

Concluidas las breves honras fúnebres a la República Bolivariana de Venezuela, que previsiblemente cambiará de nombre en cuanto asuma María Corina Machado junto a Edmundo González, la euforia intervencionista y “justiciera” apunta ahora a Cuba.

El desplazamiento del foco hacia Cuba introduce un escenario mucho más complejo que el venezolano

Tendrán que pensar muy bien qué hacer frente a la mayor de las Antillas. Cuba no es Venezuela, y lo ha demostrado durante más de medio siglo a solo 90 millas de EEUU. Esa cercanía, por muy sofisticada que sea la guerra moderna, sigue siendo un factor de riesgo estratégico.

Por ahora, la reacción de las autoridades cubanas —presidente y canciller— ha sido alzar la voz crítica y denunciante frente a las decisiones de Trump. Vendrán manifestaciones y movimientos diplomáticos y políticos, mientras que el ámbito militar permanece en absoluto silencio.

La respuesta cubana combina condena política, calma social y silencio estratégico en el plano militar

En las calles cubanas reina una aparente normalidad, aunque la noticia ha activado conversaciones constantes entre conocidos y desconocidos. El impacto existe, pero sin signos visibles de desestabilización inmediata.

Como señalaba un amigo en redes sociales, resultaría casi imposible que en la Plaza de la Revolución descendieran tres helicópteros estadounidenses para llevarse a bordo al presidente Miguel Díaz-Canel y a su esposa sin que se escuchara un solo disparo.

Las acciones contra Cuba también estaban anunciadas. Pero lo que pueda suceder dista mucho de lo ocurrido en Venezuela. Vivir para ver.

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