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‘Beatlemanía’

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martes 14 de abril de 2015, 01:00h
El Submarino Amarillo en el que navegaban imaginariamente los Beatles y miles de sus seguidores, parece haber anclado definitivamente en un sótano en pleno corazón del Vedado habanero, donde cada tarde y noche muchos recuerdan a los cuatro de Liverpool.
El Submarino Amarillo en el que navegaban imaginariamente los Beatles y miles de sus seguidores, parece haber anclado definitivamente en un sótano en pleno corazón del Vedado habanero, donde cada tarde y noche muchos recuerdan a los cuatro de Liverpool.



La más reciente muestra de los muchos fans que aun tiene el grupo inglés en Cuba fue el concurrido lanzamiento del libro ‘El largo y tortuoso camino de los Beatles’, del periodista Joao Fariñas, que congregó a gente de unas cuantas generaciones que repletaron el club Submarino Amarillo para adquirir el volumen.



Después de todo lo que se ha dicho y escrito sobre The Beatles, resultaba algo más que un atrevimiento volver sobre lo mismo, pero el autor se lanzó a una larga investigación que le llevó cinco años para culminar “un libro para el mundo, quizás no para leerlo de una sentada, si no para consultarlo y descubrir qué hay detrás de canciones que nunca pasarán de moda”, según afirmó.



Para ello Fariñas investigó, cotejó fuentes y revisó una amplísima bibliografía, con el inconveniente de que, con tanta gente conocedora de la obra de los Beatles en el mundo, la más leve pifia podía saltar a la vista inmediatamente ante los lectores.



Guille Vidal, Premio Nacional de Periodismo Cultural-2014, y fan confeso del inmortal cuarteto fue el encargado de la presentación del volumen, en la cual valoró la profundidad y madurez del análisis y la búsqueda de Fariñas para armar este libro, cuyo título alude a una canción de la banda.

Vidal recomendó la obra como un libro de cabecera que acerca aún más a los cubanos a una banda cuyo impacto universal también dejó una huella sentimental, melódica y cultural en este país.



Pero algunos advierten que no siempre fue así, pues la ‘Beatlemanía’ estuvo desterrada de la radio y la televisión cubanas por alguna ley desconocida impuesta por alguien escondido en el anonimato, pero aún así marcó a una juventud que siempre se las ingenió para escuchar su revolucionaria música pasándose de mano en mano las placas, cintas y casetes.



En un parque a pocos metros de El submarino amarillo permanece perennemente sentada en un banco una estatua de John Lennon develada años después de que pasara la época antiBeatle. El sitio ha devenido lugar de peregrinación y culto para los seguidores del grupo británico, que celebran allí recitales, conciertos e incluso vigilias en cada aniversario de la trágica muerte de Lennon.



Pero también ha sido víctima del pillaje, pues fueron tantas veces robados los espejuelos de Lennon que al final las autoridades encontraron una solución salómonica.



El escultor José Villa Soberón, autor de la obra, fundió en bronce unas nuevas gafas, que conserva un sereno que custodia la estatua, y que amablemente se las coloca a John cada vez que algún turista quiere fotografiarse junto al autor de ‘Imagine’, y luego las guarda.



El recordatorio permanente se completó con la apertura de El submarino amarillo, un bar elegantemente diseñado con alegorías de la beatlemanía, como las carátulas de todos sus discos, o las letras de algunas de sus canciones más importantes escritas e ilustradas en sus paredes, mientras que prevalece una ley inviolable para todo aquel músico que desee ir a tocar allí: cualquiera que sea su repertorio, necesariamente deberá interpretar en un alto porcentaje, la música de los Beatles.

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