Obama presiona al Congreso y acaba con el embargo en áreas clave como Sanidad

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En la recta final de su periodo presidencial, a tres meses de abandonar la Casa Blanca, Barack Obama ha aprobado una nueva directiva que no solo hace que la apertura hacia Cuba sea cada vez más irreversible y sigue limitando los efectos del embargo; sino que constituye una auténtica piedra de demolición contra éste. En la recta final de su periodo presidencial, a tres meses de abandonar la Casa Blanca, Barack Obama ha aprobado una nueva directiva que no solo hace que la apertura hacia Cuba sea cada vez más irreversible y sigue limitando los efectos del embargo; sino que constituye una auténtica piedra de demolición contra éste.

Si bien sólo un Congreso estadounidense aparentemente poco dispuesto a ello puede dar el paso definitivo de acabar, de una vez por todas, con el al bloqueo comercial, económico y financiero que aprobó hace más de medio siglo; Obama ha dado una muestra con la nueva orden de hoy de que está dispuesto a combinar los palos y las zanahorias para que éste se lo piense de nuevo.

Palos al señalar expresamente en el documento publicado hoy por la Casa Blanca que el embargo es «una desfasada carga sobre el pueblo de Cuba que se opone a los intereses norteamericanos» y que si el Congreso lo mantiene ha sido desoyendo las «repetidas llamadas de mi Administración». Zanahorias al apuntar también una serie de incentivos para que los congresitas cambien su postura.

De esta forma, la orden ejecutiva de hoy apunta que una nueva gama de oportunidades comerciales se abriría para las empresas estadounidenses «siempre y cuando el Congreso levante el embargo». Entonces, y sólo entonces, Obama asegura que su Administración se podría involucrar en facilitar intercambios y diálogos comerciales, así como nuevos acuerdos bilaterales de comercio.

Del mismo modo, ofrece una serie de incentivos paralelos al Gobierno cubano para seguir por la vía de las reformas al anunciar que impulsará la plena reintegración de Cuba en las organizaciones multilaterales, «incluídos los programas de asistencia técnica». Una cuestión de crucial importancia dadas las necesidades de financiación y de desarollo de proyectos que tiene la Isla.

En paralelo, a través del documento también se anima al país caribeño a situar sus leyes, «en particular las comerciales, en línea con los estándares internacionales». Asimimo, asegura que «el comercio autorizado», «los viajes autorizados» y «el acceso de Cuba al sistema financiero estadounidense» seguirá aumentando.

Este último desarrollo, según se recuerda, debería llevar aparejado que las autoridades de la Isla cumpliesen su compromiso de este año de, en contrapartida, poner fin a la penalización del 10% sobre las conversiones en dólares. Pero, ya se sabe, que obras son amores, que no buenas razones; y el paso dado hoy va mucho más allá de una serie de declaraciones políticas.

Son múltiples las nuevas disposiciones concretas que en paralelo ha anunciado también hoy el Departamento del Tesoro. Éstas actúan como incentivo tanto para que Cuba continúe los cambios, como para que el Congreso ponga fin a un embargo que, sin prisa pero sin pausa, por la vía de los hechos, es cada vez más cosa del pasado.

Entre ellas se encuentra una histórica reclamación de Cuba: aquella que permitirá la exportación a EE.UU. de medicamentos y tecnología médica cubana. También se autoriza a ciudadanos estadounidenses a participar en proyectos de investigación médica con ciudadanos cubanos, incluso si estos tienen fines comerciales.

Y otra reclamación histórica cubana: se elimina el requisito de que Cuba pague por adelantado y en efectivo artículos de producción agrícola como pesticidas o tractores; lo que, obviamente, encarecía y dificultaba en la práctica que estas se pudiesen realizar.

Y otra más: se pone fin a la prohibición de entrar a los buques extranjeros en un puerto de EE.UU. hasta 180 días después de hacerlo en un puerto cubano. Con ello, se abarata también el flujo de mercancías a Cuba, fundamentalmente a través del comercio marítimo, pues hasta ahora ese coste extra tenía que ser asumido por el Gobierno cubano lo que disparaba el precio de muchas importaciones.

Además, se pone fin al tope de importación, vía equipaje, de productos cubanos como el ron o el tabaco, que hasta ahora se limitaban a un valor total de 400 dólares; se autoriza la contratación de servicios profesionales; la importación de tecnología 100% estadounidense siempre que sea para uso personal; y se flexibiliza el envío de remesas a Cuba.

Incluso, en teoría, ciertas empresas como Amazon podría pasar ahora a estar disponibles en la Isla al quedar permitida la venta de “ciertos bienes” a través de empresas estadounidenses ‘online’ y dado que el servicio de correos entre ambos países ya estaba restablecido. No obstante, algunas de estas regulaciones requerirán, a su vez, que Cuba decida si autoriza dichas prácticas.

Con carácter más general, de nuevo en el terreno de los compromisos políticos, la Casa Blanca ha anunciado un impulso a las reformas económicas a través de diálogos intergubernamentales que cubrirán áreas como: agricultura, pequeña empresa, trasnporte, ciencia y tecnología, medioambiente, clima, sanidad, aplicación de la Ley, migraciones, seguridad nacional, contraterrorismo y alerta, preparación y desastres.

También se ha anunciado un grupo de trabajo bilateral para incrementar la conectividad a Internet en la Isla que «pemitirá a las fundaciones y universidades estadounidenses establecer vínculos con Cuba». Y, por último, se reserva a la Embajada estadounidense en La Habana un papel clave en materia de Derechos Humanos a la hora de institucionalizar un diálogo regular con el Gobierno cubano en el que también «se consultará a la Iglesia católica y a otras instituciones religiosas».

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